
La Divina Voluntad
¿QUÉ ES LA DIVINA VOLUNTAD?
La Divina Voluntad es la Esencia de Dios, es la Fuente de todos sus Atributos, de su Amor, de su Vida y de sus obras. la Voluntad Divina la podemos equiparar a la mismísima Vida Divina de Jesús. Dice Jesús: “Y así como la vida humana tiene su vida, sus miembros distintos, sus cualidades, así nuestro Ser Supremo tiene sus cualidades purísimas, no materiales, porque en Nosotros no existe materia que forme nuestra Vida; unidas juntas Santidad, Potencia, Amor, Luz, Bondad, Sabiduría, Omnividencia de todo, Inmensidad, etc., forman nuestra Vida Divina; pero: ¿quién constituye el movimiento?, ¿quién regula?, ¿quién desarrolla con un movimiento incesante y eterno todas nuestras cualidades divinas? Nuestra Voluntad. Ella es el motor, la dirigente que da a cada una de nuestras cualidades la vida obrante, así que, si no fuese por nuestra Voluntad, nuestra Potencia estaría sin ejercicio, nuestro Amor sin amar, y así de todo lo demás. Mira entonces cómo el todo está en la Voluntad, y por eso, con darla a la criatura damos todo.” De los escritos de Luisa Picarreta (Libro de Cielo) de Septiembre 17, de 1933.
Existen cuatro diferentes modos de obrar de esta Voluntad, y obra según las disposiciones de las criaturas. En primer lugar, se encuentra la Voluntad permisiva, o sea que permite todo, incluso el mal. Muchas veces hace conocer lo que Ella quiere, pero deja a decisión de las criaturas el hacerlo o no hacerlo, no llevando culpa ninguna el no hacerla, y ésta se llama voluntad querida. Otras veces, al querer agrega la orden, es la voluntad ordenada, como ejemplo tenemos los mandamientos, y da gracias duplicadas para hacer que se cumpla dicha orden, y esto es para todos los cristianos, el no hacer esto significa no ser ni siquiera cristianos y conlleva una culpa. El último modo es la voluntad obrante. En estas enseñanzas nos vamos a referir principalmente a la Divina Voluntad obrante en la criatura, en ésta, la misma Voluntad de Dios desciende en el acto de la criatura y obra como si el acto de la criatura fuera acto suyo, y por eso como acto suyo pone en él su Vida, su Santidad, su Virtud operativa; pero para llegar a esto, el alma debe estar habituada a la Voluntad querida y ordenada, éstas preparan el vacío en el acto humano para recibir el acto obrante del Fiat Divino. Esta es la Voluntad de Dios que debemos buscar con ahínco, para no sólo cumplirla, sino para adueñarnos de Ella.
Y esta Divina Voluntad quiere Dios compartirla con la familia humana, darnos la Divina Voluntad como un Don, como un regalo; pero ¿qué somos nosotros para que Dios quiera compartirnos un Don tan grande y maravilloso?
“¡Qué gran amor nos ha tenido el Padre para que nos haga hijos de Dios! Pero su amor no se queda ahí, quiere algo más para nosotros; por eso vemos en la primera carta de Juan 3.1-3 lo siguiente: “Ya somos hijos de Dios, pero lo que seremos aún no ha sido revelado. Lo que sabemos es que cuando Él se manifieste seremos semejantes a Él, porque Lo veremos como Él es”.
¿Qué es lo que anunciaba San Juan diciendo eso?
Que Dios quiere restituirnos la semejanza con la Divinidad, que tenían nuestros primeros padres: Adán y Eva, para eso desea darnos como Don a la Divina Voluntad obrante en la criatura, de manera similar a la vida interior de Jesús, o sea, que la Divina Voluntad sea nuestra vida, para lo cual debemos seguir el ejemplo y la doctrina espiritual de la Sierva de Dios Luisa Piccarreta, mediante la cual en este tiempo histórico Dios ha querido manifestarla.
Entonces, ¿qué es “vivir en la Divina Voluntad”?
Es tener como vida propia la misma Voluntad de Dios, como se conoce mediante los Escritos de Luisa Piccarreta. Esa fue la vida interior de Nuestro Señor Jesucristo y de María Stma., Madre suya y nuestra.

Misión
Dar a conocer el Proyecto del Padre (Dios Padre) para ir alineándonos en ese Proyecto, que es Salvación de casi toda la Humanidad
Visión
Como estamos viviendo en los últimos tiempos (que no es el fin del Mundo, sino un cambio de era, debemos prepararno para vivir en la era de la Divina Voluntad, si no lo logramos, muy probablemente, se acabe la humanidad
Introducción a la Divina Voluntad
INTRODUCCIÓN AL LIBRO DE CIELO DE LUISA PICARRETA.
Comienzo con una cita del 2 de agosto de 1930, en la que el Señor le dice a Luisa:
“Hija mía, todas las cosas acá abajo, tanto en el orden natural como en el
orden sobrenatural, están veladas; sólo en el Cielo están develadas, … Yo
mismo, Verbo del Padre, tenía el velo de mi Humanidad, todas mis palabras,
mi Evangelio bajo formas de ejemplos y de semejanzas, y sólo me
comprendía quien se acercaba a escucharme con la FE EN EL CORAZÓN,
CON LA HUMILDAD, Y CON EL QUERER CONOCER LAS VERDADES
QUE YO LES MANIFESTABA PARA PONERLAS EN PRÁCTICA… Así
son mis Verdades que Yo con tanto Amor te he manifestado sobre mi Divina
Voluntad… de otra manera quedarán ciegos, y Yo les repetiré el dicho del
Evangelio: ‘Tenéis ojos y no miráis, oídos y no escucháis, lengua y sois
mudos’.”
Ahora bien, en el año 1996, por orden de la Congregación de la Doctrina de
la Fe, y como fruto de la apertura de la Causa de Beatificación de Luisa, y
como fruto también de la ya entonces recibida Beatificación de su confesor
extraordinario y censor de sus escritos, el ahora Santo, Annibale Maria di
Francia, los volúmenes escritos por Luisa que se encontraban en los
Archivos del Vaticano por casi 60 años, fueron copiados por representantes
del Obispo de Trani.
En cuanto al estado actual de los escritos con la Santa Sede, la Congregación
para la Doctrina de la Fe no ha hecho ningún pronunciamiento sobre ellos,
sin embargo, el haber recibido el Obispo de Trani el “Non Obstare” de la
Santa Sede permitiendo que se abriera la Causa de Beatificación de Luisa,
efectivamente remueve cualquier juicio negativo, al ser tal, una declaración
de que nada conocido a Roma prohíbió o fue obstáculo a la apertura de su
Causa. De la misma manera, la Beatificación ya hecha en aquel tiempo del
ahora Santo, Annibale Maria di Francia, representaba la misma realidad,
pues fue él quien impartió su Nihil Obstat a los primeros 19 volúmenes en
1926, poco antes de su muerte, y a los cuáles Su Excellencia Arzobispo S.E.
Giuseppe Maria Leo dio también el Imprimatur, sello y garantía del Espíritu
Santo. Todo es ahora confirmado: La Canonización del Beato Annibale
tuvo lugar el domingo 16 de Mayo de 2004.
El Obispo de Trani es la autoridad eclesiástica para la Causa de
Beatificación de Luisa hasta que esta sea entregada a la Congregación para
la Causa de los Santos. Al presente, la Postulación del Tribunal de la Causa
está terminando el Proceso Diocesano de juzgar la vida y virtudes heroicas
vividas por Luisa. La edición crítica de los escritos, con comentario, siendo
producida por la Postulación, será consignada a la Santa Sede, pues solo ella
puede dar a los escritos un juicio y explicación definitiva. Como requisito
para todo este proceso, dos eminentes teólogos fueron comisionados
independientemente por el Tribunal de la Causa para la evaluación de todos
los escritos, y en 1997 los dos coincidieron en afirmar que estos escritos no
contienen nada que sea contrario a la fe o moral Católica.
En diciembre 18, 1997, el Rev. Cosimo Reho, Profesor de Teología
Dogmática, envió su evaluación al Tribunal de la Causa de Beatificación
como respuesta a la petición que le habían hecho. Lo mismo fue hecho por el
Rev. Antonio Resta, Rector del Instituto Teológico Pontificio del Sur de
Italia el 2 de junio de 1997.
Estos dos teólogos independientemente comisionados por el Tribunal para
hacer tales evaluaciones de los escritos, llegaron a la misma conclusión que
otros teólogos e individuos de grande reputación dentro de la Iglesia,
quienes evaluaron los primeros Volúmenes durante la primera parte del siglo
XX. En la Introducción adjunta sobre la vida de Luisa, podrán leer algunos
de estos testimonios. Les reitero nuevamente que de estos escritos, los
primeros 19 volúmenes tienen ya un Imprimatur y Nihil Obstat, sello oficial
de la autoridad Eclesiástica.
Quiero hacer notar que la totalidad de los 36 volúmenes escritos por Luisa, han sido traducidos directamente de los manuscritos originales, y que contienen algunas faltas de ortografía, pobre redacción y pobrísima puntuación, probablemente algunos errores de transcripción, y otros pequeños errores.
Todo esto es mayormente debido a la magnitud tan extraordinaria de este
inmenso trabajo, traducido al español del lenguaje italiano en el que fueron
manuscrito, lenguaje que está mezclado con el dialecto del área donde Luisa
vivía, y realidad que los hace poco fácil de traducir. Esta traducción es
preliminar y rudimentaria, pero preserva la sustancia y esencia del contenido
con fidelidad.
En vista a todo lo que aquí se encierra, he discernido en intensa oración, que
es tan críticamente importante que estos escritos sean ya leídos en orden y en
su contenido total por Uds., que no puedo esperar antes de enviárselos a
tener una versión perfecta, a que sean corregidos nuevamente, o a esperar a
la publicación oficial de la Iglesia, la cuál tomará años y la cuál espero con
increíble anticipación y gozo. He aquí pues, que con confianza absoluta en el
Señor y en nuestra Santísima Madre, se los entrego.
Ahora, en cuanto a Luisa, podemos también decir con absoluta certeza y
convicción, que ella vivió una vida santa, de oración y sufrimiento, y que
hasta hoy ha durado la fama de santidad atestiguada a ella por los
contemporáneos de esta Sierva de Dios. Ella estuvo siempre bajo la continua
custodia y dirección de la Santa Madre Iglesia, como pocos, o ningún otro,
jamás ha estado, y fue siempre obediente y sumisa a Ella en todo. Esto ha
sido muy precisamente documentado por el cuidado de sus confesores,
escogidos por sus Obispos desde el año 1884 hasta su muerte en 1947.
Es apoyado en todo esto y mucho más, incluyendo lo ya dicho, que el
Arzobispo de Trani, después de recibir de la Santa Sede el “Non Obstare”,
abrió su Causa de Beatificación en 1994 y Luisa fue designada por la Santa
Iglesia como Sierva de Dios. Las investigaciones hasta hoy han confirmado
todo esto sin encontrar duda alguna.
Ella escribió todo lo que el Señor le manifestó durante ese período de 40
años, en simples cuadernos como los de escuela. Escribió un total de 36
cuadernos, los cuales fueron simplemente numerados sucesivamente del 1 al
36. Estos son conocidos ahora como volúmenes.
Es todo un conjunto progresivo de enseñanzas de los Conocimientos y
Verdades que el Señor le comunicaba “sorbo a sorbo”, y que Luisa escribía,
meditaba, ponía en práctica y HACÍA VIDA EN ELLA.
Todo le fue dado en un modo ordenado para su crecimiento progresivo,
primero en santidad humana (ejercicio de virtudes, etc.-evidente en los
volúmenes 1 al 10), y después en Santidad Divina (ejercicio de virtudes en
modo divino y de “vida en la Divina Voluntad”, como vivida por naturaleza
propia por el Señor en su Humanidad como sede de Su Divinidad, y por
Gracia por nuestra Santísima Madre – evidente en los volúmenes 11 al 36).
El Señor en Sus designios hizo conocer y dio Gracias extraordinarias a Luisa
para que pudiera acoger y hacer Vida en ella estas Verdades y
Conocimientos sobre la Divina Voluntad de Dios, para que por medio de
ella, puedan ser comunicadas a todos, y así también nosotros, con Su Gracia,
podamos conocerlas, acogerlas y hacerlas vida en cada uno de nosotros, a
la medida y plenitud que El ha designado para cada uno en nuestra misión
terrenal de crecer “a Su Imagen y Semejanza” Génesis 1: 26, y de ser
“partícipes de Su Vida Divina”, 2 Pedro 1: 4, Catecismo # 375, L.G. 2, 2,
finalidad para la cuál fuimos creados por El.
En estos escritos NO HAY una “nueva revelación”, pues todo lo que en ellos
el Señor nos enseña, fue ya hecho y vivido por Él. Como ya sabemos:
“TODO LO QUE CRISTO VIVIÓ HACE QUE PODAMOS VIVIRLO EN
EL, Y QUE ÉL LO VIVA EN NOSOTROS” (Catecismo #521) y es “por Él,
con Él, y en Él”, que todo es y existe. Juan 1: 1-3. “…porque en Él fueron
creadas todas las cosas …todo fue creado por Él y para Él.” Col. 1: 16.
“Porque en Él reside toda la Plenitud de la Divinidad corporalmente, y
vosotros alcanzáis la plenitud en Él…” Col. 2: 9,10. “Él es el Camino, la
Verdad y la Vida. Nadie va al Padre si no por Él”. Juan 14: 6.
Ahora bien, también nos dice el Evangelio que “Hay además otras muchas
cosas que hizo Jesús. Si se escribiera una por una, pienso que ni todo el
mundo bastaría para contener los libros que se escribieran”. Juan 21: 25, y
que como Él nos dice: “…el Espíritu de la Verdad os guiará a la verdad
completa… porque recibirá de lo Mío y os lo anunciará a vosotros” Juan
16: 13, 14.
Sabemos también a través del Catecismo, que “AUNQUE LA REVELACIÓN
E S TA A C A B A D A , N O E S T Á C O M P L E T A M E N T E
EXPLICITADA” (Catecismo #66). Esto es obvio cuando vemos cómo el
Espíritu Santo durante los últimos 2000 años, continúa Su tarea de
develarnos progresivamente a través de Su Iglesia, todo lo que es necesario
para restaurar nuestras vidas en Dios.
Así como la Iglesia nos ha ido proclamando Dogmas y Decretos sobre
nuestra Fe a través de los siglos; así como el Señor nos reveló sobre Su
Sagrado Corazón a través de Santa Margarita Alacoque, y así como nos
reveló a través de Santa Faustina sobre Su Misericordia, así nos manifiesta
ahora a través de Luisa sobre Su Divina Voluntad.
En estos escritos, el Señor nos enseña por primera vez, y a través de estos
Conocimientos y Verdades, cómo quiere que al conocer lo que en Ellas se
encierra, nosotros querramos voluntariamente acoger y hacer vida en
nosotros este Don de Su Voluntad reinante y obrante en nosotros como Vida
primaria de nuestros actos y de toda nuestra vida, para que animados por
Ella y obrando en UNIDAD con Ella, podamos así ser restaurados al orden,
al puesto y a la finalidad para la cuál fuimos creados, pues es solamente en
Ella reinante y obrante en nosotros, y nosotros en Ella, que podremos ser
nuevamente “a Su Imagen y Semejanza” y “partícipes de Su Vida Divina”.
Es esta nuestra naturaleza original en la que Dios nos creó en total
perfección. Solo así podremos también dar a Dios el amor, honor y Gloria
que de cada uno a El pertenece, tal como era, y tal como hacía nuestro Padre
Adán antes de separarse de la Voluntad Divina (“árbol de la Vida” -Génesis
2: 9), Vida y Acto primario de su vida y de sus actos. Por supuesto que no
nos podemos separar de la Voluntad Divina como fuente de Vida, ya que es
Inmensa, Infinita, etc., y en Ella Dios se encuentra en todo y en todos, pero
sí podemos con nuestro libre albedrío, rechazarla como Vida primaria de
nuestra vida y de nuestros actos, tal y como hizo Luzbel, y después nuestro
Padre Adán, de quien heredamos todos nuestra presente condición.
Es en estos escritos que el Señor nos dio a través de Su Iglesia, donde Él nos
manifiesta explicitadamente el “Misterio de Su Voluntad” (Efesios 1: 9 -
Apocalipsis 10: 7) y no solo nos reitera cómo hacer Su Voluntad (ya
manifestado en los Mandamientos, Las Escrituras y el Catecismo y
Magisterio de la Iglesia), sino que también nos enseña esta dimensión de
cómo “VIVIR EN SU VOLUNTAD” y todo lo que esto encierra.
Esto es tan increíblemente importante, pero también tan increíblemente
simple, que pocos lo querrán creer al principio, pues aunque es este el modo
en que Dios restaurará todo y todos a su origen, tan solo requiere que
conozcamos este Don, que lo queramos libremente, que lo acojamos
totalmente y que lo hagamos vida en nosotros, y por supuesto, que siempre
hagamos en TODO, la Voluntad de Dios, pues sería imposible “vivir en Su
Voluntad” si no hacemos siempre Su Voluntad. Dios hará todo lo demás.
“Vivir en la Divina Voluntad”, es decir, “hacer la Voluntad de Dios como en
el Cielo así en la tierra”, es el Reino que pide el Señor en el Padre Nuestro
(“…VENGA a nosotros Tu Reino, hágase Tu Voluntad así en la tierra como
en el Cielo” Mateo 6: 10), que hemos estado pidiendo por los últimos 2000
años. Es por esto que me atrevo a decir: si Jesús, Verbo Encarnado, lo pidió
y dejó a Su Iglesia pidiéndolo, ¿cómo entonces no ha de venir?
Cuando libremente acojamos y hagamos vida en nosotros el Don de Su
Divina Voluntad reinante y obrante en nosotros que Él ahora nos quiere
nuevamente dar, llegaremos finalmente a cumplir en plenitud esta oración, y
como fruto de tal cumplimiento, el poder llegar a la plenitud de lo que El
mismo pide al Padre:“Padre, que todos sean UNO, como Tú Padre en Mí, y
Yo en Ti. Que sean UNO en Nosotros”. Juan 17: 21.
Este es el único Reino del que habla La Escritura, que ha de venir antes del
fin del mundo, y en el que ya vivieron en la tierra nuestro Señor Jesucristo
y nuestra Santísima Madre, REY Y REINA DE ESTE REINO, y que ahora,
a través de los Conocimientos y Verdades que el Señor nos manifiesta en
estos escritos, progresivamente Reinará “en la tierra como en el Cielo”,
pues sabemos que “en Cristo, Dios nos ha dado a conocer el Misterio de
Su Voluntad… para realizarlo en la plenitud de los tiempos: hacer que
TODO tenga a Cristo por Cabeza, lo que está en los Cielos y LO QUE
ESTÁ EN LA TIERRA.” (Efesios 1: 9, 10), y que REINARÁ HASTA QUE
“LUEGO, AL FINAL, Cristo entregue a Dios Padre el Reino, DESPUÉS
de haber destruido todo principado, dominación y potestad, PORQUE
DEBE ÉL REINAR HASTA QUE PONGA TODOS SUS ENEMIGOS
BAJO SUS PIES 1 Cor. 15: 24, 25- Hebreos 10: 13 pues “al presente no
vemos todavía que le está sometido todo” Hebreos 2: 8.
Es a través de los Conocimientos y Verdades que el Señor nos da ahora en
estos escritos dentro del ámbito de Su Iglesia, que además de conocer lo
que hizo Él en Sus Actos exteriores, conoceremos también lo que hizo en Su
interior; no sólo lo que hizo Su Humanidad en Su Divinidad, y de cuyos
frutos han vivido los que acogen a Cristo Jesús como Rey y Salvador, sino
también lo que hizo Su Divinidad en Su Humanidad, para que también ahora
“podamos así nosotros vivirlo en Él”, y Él vivirlo en nosotros” (Catecismo
# 521) en esta otra dimensión que ya nuestro Señor hizo, pero que a nosotros
nos falta hacer, pues no es hasta ahora que Él quiso que la conociéramos, ya
que todavía “no había llegado la hora”.
Es en vista a todo esto que podemos ahora entender las palabras de San
Bernardo: “Sabemos de una triple venida del Señor. Además de la primera
y de la última, hay una venida intermedia. Aquellas son visible, pero esta
no… De manera que, en la primera venida el Señor vino en carne y
debilidad; EN ESTA SEGUNDA EN ESPÍRITU Y PODER; y en la última
en Gloria y Majestad”. ( Liturgia de las Horas-Tiempo de Adviento).
Es con toda esta perspectiva que podremos también ahora entender con
mucha más claridad lo que nos dice el Catecismo de la Iglesia Católica en
los números 671 al 675 (inclusive) sobre este tema, así como en
2 Tesalonicenses 2: 1- 12. Les exhorto a leerlo. CRISTO REY Reinará en
cada corazón en la tierra, como Reina en el Cielo.
Les repito lo que el Señor le dice a Luisa el 17 de mayo de 1925:
“…si la Creación se atribuye al Padre, mientras que estamos siempre
unidas las Divinas Personas en el obrar, la Redención se atribuye al Hijo y
el “FIAT VOLUNTAS TUA” SE ATRIBUIRÁ AL ESPÍRITU SANTO. Es
precisamente en el “FIAT VOLUNTAS TUA” donde el Espíritu Santo
hará desahogo de Su obra”.
Creo que con esto podemos también entender más claramente lo que le
dice el Señor el 21de diciembre de 1937:
“Hija mía buena, está decretado en el consistorio de la Trinidad
Sacrosanta que mi Voluntad Divina tendrá su reino sobre la tierra, y
cuantos prodigios se necesiten los haremos, no ahorraremos nada para
tener lo que Nosotros queremos. Pero Nosotros en el obrar usamos siempre
los modos más simples, pero potentes, tanto, de arrollar Cielo y tierra y
todas las criaturas en el acto que queremos.
Tú debes saber que en la Creación, para infundir la vida al hombre no
se necesitó más que nuestro Aliento Omnipotente, ¡pero cuántos prodigios
encerrados en aquel Aliento! Creamos al alma dotándola con las tres
potencias, verdadera Imagen de nuestra Trinidad adorable…
Mira hija mía, el hombre con no vivir en nuestro Querer Divino, sus
tres potencias han sido obscurecidas, y deformada nuestra Imagen adorable
en él, de modo que ha perdido el primer Latido de Amor de Dios en el suyo;
ha perdido el Respiro Divino en su respiro humano; más bien, no que lo
haya perdido, sino que no lo siente, por eso no siente la circulación de la
Vida Divina, el movimiento del bien, el calor del Amor Supremo, la Palabra
de Dios en la suya, la vista para poder mirar a su Creador; todo ha quedado
obscurecido, entorpecido, debilitado y tal vez también deformado.
Ahora, ¿qué cosa se necesita para restablecer a este hombre?
VOLVEREMOS A INFUNDIRLE NUESTRO ALIENTO con más fuerte y
creciente amor, le infundiremos el Aliento en el fondo del alma, pondremos
nuestro Aliento más fuertemente en el centro de su voluntad rebelde, pero
tan fuerte de sacudirle los males a los cuales está unido; sus pasiones
quedarán aterradas y aterrorizadas ante la potencia de nuestro Aliento; se
sentirán quemar por nuestro fuego divino, y la voluntad humana sentirá la
Vida palpitante de su Creador, al Cual, ella como velo Lo esconderá en sí
misma y volverá a ser la portadora de su Creador. ¡Oh, cómo se sentirá
feliz! Con nuestro Aliento la restaurararemos, la sanaremos, la
restableceremos...
Mira entonces qué se necesita para hacer venir a reinar a nuestra
Voluntad sobre la tierra: LA POTENCIA DE NUESTRO ALIENTO
OMNIPOTENTE; con él renovaremos nuestra Vida en el hombre. Todas
las verdades que he manifestado sobre los grandes prodigios del vivir en mi
Querer, serán las propiedades más bellas, más grandes, de las cuales les
haré don. También esto es una señal segura de que vendrá el reino de mi
Voluntad a la tierra, porque si hablo, primero hago los hechos y después
hablo, mi palabra es la confirmación del don, de los prodigios que quiero
hacer; por eso, ¿qué finalidad tendría el manifestar mis propiedades
divinas, hacerlas conocer, si no debiera venir su reino a la tierra?”
Y también lo que le dice el 2 de octubre de 1938:
“Hija mía buena, ánimo, si tú te abates perderás la fuerza de vivir siempre
en mi Querer, no te preocupes por lo que dicen y hacen, toda nuestra
victoria está en que no nos pueden impedir hacer lo que queremos, así que
Yo puedo hablarte de mi Querer Divino, y tú puedes escucharme, ninguna
potencia nos lo puede impedir. Lo que Yo te digo acerca de mi Querer no es
otra cosa que el desenvolvimiento de nuestro decreto, hecho ‘ab eterno’ en
el consistorio de nuestra Trinidad Sacrosanta: ‘Que nuestro Querer debe
tener su reino sobre la tierra.’ Y nuestros decretos son infalibles, nadie nos
puede impedir que se lleven a cabo.
Así como fue decreto la Creación y la Redención, así es decreto
nuestro el reino de nuestra Voluntad sobre la tierra, por eso, para cumplir
este nuestro decreto, Yo debía manifestar los bienes que hay en él, sus
cualidades, sus bellezas y maravillas; he aquí la necesidad por la cual Yo
debía hablarte tanto, para poder cumplir este decreto.
Hija, para llegar a esto Yo quería vencer al hombre por caminos de
Amor, pero la perfidia humana me lo impide, por eso usaré la Justicia,
barreré la tierra, quitaré a todas las criaturas nocivas, que como plantas
venenosas envenenan las plantas inocentes.
CUANDO HAYA PURIFICADO TODO, mis verdades encontrarán el
camino para dar a los sobrevivientes la Vida, el bálsamo, la paz que mis
verdades contienen, y todos las recibirán, les darán el beso de paz, y para
confusión de quien no las haya creído, más bien las ha condenado, reinará y
tendré mi reino sobre la tierra: ‘Que mi Voluntad se haga como en el Cielo
así en la tierra.’
Por eso te repito, no nos apartemos en nada, hagamos nuestro
camino y cantaremos victoria, y ellos que hagan su camino, en el cual
encontrarán confusión y vergüenza de ellos mismos. Les sucederá a ellos
como a los ciegos que no creen en la luz del sol porque ellos no la ven, ellos
quedarán en su ceguera y aquellos que la ven y creen gozarán, se llenarán
de júbilo con los bienes de la luz, con sumo contento para ellos.”
Es este también el Reino de Jesús en la Eucaristía, pues es solo en Su
Voluntad Reinante y obrante en nuestras almas como vida y acto primario de
todo nuestro ser, de toda nuestra vida y de todos nuestros actos (nuestra
naturaleza original), que podremos acoger en plenitud Su Vida que nos da
en este Santísimo Sacramento. Será entonces que podremos verdaderamente
“acoger, ver, sentir y vivir” en nuestras almas, Su Presencia real en la
Eucaristía, y será entonces que podremos también tener la capacidad para
darle verdadera correspondencia a Su Infinito Amor, con Su misma Vida.
El 25 de septiembre de 1913 Jesús le dice a Luisa:
“¡Pobre de Mí, ¡cómo me tratan en el Santísimo Sacramento! Y tantas
almas devotas que me reciben, tal vez todos los días; deberían ser otras
tantas santas si bastara el centro de la Eucaristía, y en cambio, cosa de
llorar, están siempre en el mismo punto: vanidosas, iracundas, escrupulosas,
etc., ¡pobre centro del Santísimo Sacramento, ¡cómo quedo deshonrado!
… te digo que los mismos Sacramentos producen sus frutos según las
almas están sujetas a mi Voluntad, y según la conexión que tienen con mi
Querer así producen sus efectos. Y si conexión con mi Querer no hay, me
comulgarán, pero quedarán en ayunas, se confesarán, pero quedarán siempre
sucias, vendrán a mi Presencia Sacramental, pero si nuestros quereres no se
identifican, estaré para ellas como muerto, porque sólo mi Voluntad en el
alma que se hace sojuzgar por Ella, produce todos los bienes y da vida a los
mismos Sacramentos…”
El Señor le dice el 5 de noviembre de 1925:
“Tu amor no se detenga, recorra todos los Tabernáculos, cada Hostia
Sacramental, y en cada Hostia oirás gemir al Espíritu Santo con dolor
inenarrable. El Sacramento de la Eucaristía no es sólo Su Vida a la Gracia
lo que reciben las almas, sino es mi misma Vida que se da a ellas, así que el
fruto de este sacramento es FORMAR MI VIDA EN ELLAS, y cada
Comunión sirve para hacer crecer mi Vida, para desarrollarla, DE MODO
DE PODER DECIR: “YO SOY OTRO CRISTO.”
Pero, ¡ay de Mí! cuan pocos lo aprovechan, es más, cuántas veces desciendo
en los corazones y me hacen encontrar las armas para herirme y me repiten
la tragedia de mi Pasión, y en cuanto se consumen las especies
sacramentales, en vez de incitarme a quedarme con ellas, soy obligado a
irme bañado en lágrimas, llorando mi suerte sacramental, y no encuentro
quien calme mi llanto y mis gemidos dolientes.
Si tú pudieses romper esos velos de la Hostia que me cubren, me
encontrarías bañado en llanto conociendo la suerte que me espera al
descender en los corazones”.
El 17 de octubre de 1928 le dice:
“Yo aquí en este Tabernáculo, ruego continuamente, ¿pero sabes tú cuál es
mi primera petición? Que mi Voluntad sea conocida, que Su Imperio que me
tiene escondido impere sobre todas las criaturas y reine y domine en ellas,
porque ENTONCES MI VIDA SACRAMENTAL TENDRÁ SU FRUTO
COMPLETO…”
Después de haber leído todos estos escritos y aunque en mi indigna y
pequeñísima capacidad, me atrevo a decir que el tiempo se ha cumplido, y
que el Reino de Dios EN LA TIERRA: el Reino de Su Divina Voluntad
“EN LA TIERRA (en nosotros) como en el Cielo (como en Dios)”, se
establecerá progresivamente, pues es en cada uno de nosotros que se debe
primero constituir este Reino hasta que llegue a la plenitud universal, aunque
en diversos grados según Sus Designios, y según la disposición de cada alma
a este Don.
Esto es un decreto Divino y tomará lugar según Sus Designios y en
cumplimiento de Las Sagradas Escrituras, pero que requiere primero esa
prueba final a la Iglesia a la cual el Catecismo en el # 675 hace referencia.
ES ESTA LA VERDADERA NUEVA ERA ESPERADA POR TODOS,
Y ES NUESTRA SANTÍSIMA MADRE QUIEN HA ESTADO
DISPONIENDO A TODAS LAS ALMAS Y A TODOS LOS PUEBLOS
PARA RECIBIR ESTE REINO.
ES ELLA LA REINA Y LA PORTADORA DEL REY. Es Ella Quien
nos trae el Reino. Me refugio pues en Su Inmaculado Corazón y oro
incesantemente pidiendo a Ella, Quien por designio de Dios, es también
Corredentora, Medianera y Abogada nuestra, que nos ayude a disponernos y
a prepararnos a recibir nuevamente este Don de vivir en Su Divina Voluntad,
que en Jesús Nuestro Señor y POR EL PODER DEL ESPÍRITU SANTO,
nuevamente hará Reinar a Dios, UNO y TRINO, en cada uno de nosotros,
pues repito: sólo en la Divina Voluntad Reinante y obrante en nosotros, y
nosotros obrante en Ella, como Vida de todos nuestros actos y de todo
nuestro ser, podremos nuevamente ser UNO en Él.
El Señor le dice a Luisa durante la 1ra Solemnidad de la fiesta de Cristo Rey
en 1925: “Vengo como Rey en medio de los pueblos……MI MADRE
CELESTIAL OS HARÁ DE MADRE Y REINA. Ya Ella va girando en medio
de los pueblos y las naciones, para disponerlas y prepararlas a recibir el
dominio del Reino de mi Voluntad……a Ella le confío, a su amor Materno,
el que me disponga las almas y los pueblos para recibir un Don tan
grande.”
Luisa nos dice el 7 de octubre de 1928
“…así como la Soberana Señora venció a Su Creador y entretejiéndolo con
sus cadenas de amor lo atrajo del Cielo a la tierra para hacerle formar el
Reino de la Redención, así mismo, LA CORONA DULCE Y PODEROSA DE
SU ROSARIO LA HARÁ DE NUEVO VICTORIOSA, triunfadora delante de
la Divinidad, para conquistar el Reino de la Divina Voluntad ,,,”
El Señor le dice a Luisa el 19 de mayo de 1931
“Mi Voluntad es Potencia que debilita todos los males y todas las potencias
infernales; es Luz que se hace conocer por todos, y donde Ella Reina hace
sentir Su Potencia, que ni siquiera a los mismos demonios les es posible
desconocer, por eso LA REINA DEL CIELO ERA Y ES, EL TERROR DE
TODO EL INFIERNO”.
Le dice el 13 de marzo de 1932
“Así que este Reino fue ya formado por Mí y por la Celestial Señora. Ya
existe, solo que se debe dar a las criaturas; para darlo es necesario
conocerlo, y como Ella es la criatura más santa y más grande, y que no
conoció otro reino que el de mi Divina Voluntad, Este ocupa el primer lugar
en Ella, y por derecho, LA CELESTIAL REINA SERÁ LA ANUNCIADORA,
LA MENSAJERA Y LA CONDUCTORA DE UN REINO TAN SANTO. Por
eso, ruégale e invócala, y Ella te servirá de guía y de maestra…”
Y también el 14 de mayo de 1935
“Sin embargo, hija mía, el Reino de mi Divina Voluntad infaliblemente
llegará. Tú calculas humanamente y por eso su Advenimiento te parece
difícil…y además, ¿no está acaso la Reina del Cielo, que con su dulce
imperio ruega continuamente que este Reino venga a la tierra? ¿Y cuándo
le hemos negado algo a esta Madre Celestial? Ella impetra con pleno
derecho este Santo Reino, el cuál indudablemente le será concedido, y por
eso, será también llamado: EL REINO DE LA REINA CELESTIAL.”
El 10 de febrero de 1937, La Santísima Virgen le dice a Luisa:
“Hija de mi materno corazón, EL REINO DE LA DIVINA VOLUNTAD
SERÁ MI REINO. A mí la Trinidad Sacrosanta me lo confió cuando me
confió al Verbo Eterno; cuando descendió del Cielo a la tierra, así me
confió su Reino y el mío.
Por eso mis suspiros son ardientes, mis oraciones incesantes, no hago mas
que asaltar a la Trinidad Santísima con mi amor, con mis derechos de
Reina y de Madre que me dio, a fin de que lo que me confió salga a la luz y
forme su vida, para que mi Reino triunfe en la faz de la tierra.”
En La Llamada Materna de la Reina del Cielo le dice:
“Has de saber que yo recorreré todo el mundo, iré a cada alma, a todas las
familias, a todas LAS COMUNIDADES RELIGIOSAS, a todas las naciones,
a todos los pueblos, y, si es necesario, recorreré siglos enteros, hasta que
como Reina, haya formado a mi pueblo, y como Madre, a mis hijos, los
cuales conocerán y harán reinar por doquier a la Divina Voluntad”.
Como conclusión, y pidiendo nuevamente la unción del Espíritu Santo para
mí y para Ustedes en este momento, me atrevo a presentarles este diálogo
entre Luisa y el Señor, que aunque es de uno de los volúmenes finales, siento
que debo exponerlo aquí, ya que en estas palabras del Señor podremos
entender algo, aunque muy poco sin haber leído los volúmenes anteriores, de
lo que quiere decir “…que la Voluntad de Dios se haga en la tierra como en
el Cielo”, y “que todos sean UNO en Nosotros”:
9 de agosto de 1937
“Entonces pensaba entre mí: “Dios mío, ¿quién podrá corresponderte
y pagarte por tanto Amor tuyo? ¡Ah! tal vez sólo la Reina del Cielo puede
vanagloriarse de haber correspondido a su Creador en amor, ¿y yo? ¿Y yo?”
Y me sentía oprimida, y mi siempre amable Jesús haciéndome su breve
visita, todo bondad me ha dicho: “Hija de mi Voluntad, no temas, para quien
vive en mi Voluntad hay sumo acuerdo en el amor, porque MI VOLUNTAD
POSEYENDO SU VIDA EN LA CRIATURA, duplica su Amor, y cuando
quiere amar, ama en Sí misma y ama dentro del alma, porque en ella posee
su Vida; en mi Querer el amor está en sumo acuerdo; los gozos, la felicidad
del puro amor están en pleno vigor.
Nuestra paterna bondad es tanta para quien vive en nuestro Querer,
que numeramos los respiros, los latidos, los pensamientos, las palabras, los
movimientos, para corresponderlos con los nuestros y llenarlos todos de
amor, y en nuestro énfasis de amor le decimos: “Nos ama y la debemos
amar.”
Y mientras la amamos hacemos desahogo de tales dones y gracias, de
dejar estupefactos a Cielo y tierra; esto hicimos con nuestra Reina,
desahogamos tanto; ¿pero sabes tú qué significa este nuestro desahogar?
Nos miramos a Nosotros mismos y queremos dar lo que somos y lo que
poseemos, la desemejanza nos pondría en pena, y la criatura viéndose
desemejante de Nosotros, no estaría con Nosotros con aquella confianza de
hija y con aquel dominio de cuando se poseen los mismos bienes, los mismos
dones; esta disparidad sería un obstáculo para formar UNA SOLA VIDA y
para amarnos con un solo amor, mientras QUE EL VIVIR EN NUESTRO
QUERER DIVINO ES PROPIAMENTE ESTO, UNA SOLA VOLUNTAD,
UN SOLO AMOR, BIENES COMUNES, Y TODO LO QUE PODRÍA
FALTAR A LA CRIATURA SE LO DAMOS DE LO NUESTRO PARA
SUPLIRLA EN TODO Y PODER DECIR: “LO QUE QUEREMOS
NOSOTROS QUIERE ELLA, NUESTRO AMOR Y EL SUYO ES UNO
SOLO, Y ASÍ COMO LA AMAMOS NOSOTROS, ELLA NOS AMA.”
Hija mía, nos faltaría la fuerza si no eleváramos a la criatura que vive en
nuestra Voluntad hasta el nivel de nuestra semejanza y hacerla poseer
nuestros bienes, tan es verdad, que mi Madre Celestial, como vivía en mi
Voluntad poseía la misma Vida de Ella, nos amamos con un solo amor y
amamos a las almas con un amor gemelo”.
En el siguiente capítulo, el 15 de agosto de 1937 el Señor le dice a Luisa:
“Hija mía, no hay nada de que maravillarse, lo que te digo es la pura
verdad, mi Voluntad es todo y puede todo, y no poner en nuestras
condiciones a quien vive en Ella no es de nuestro Ser Supremo, a lo más se
puede ver que EN NOSOTROS ES NATURALEZA, Y PARA QUIEN
VIVE EN ELLA ES GRACIA, participación, desahogo de nuestro amor,
Voluntad nuestra que quiere que así sea la criatura. Por eso queremos que
viva en nuestro Querer, para hacer que sus actos y los nuestros estén
fundidos juntos y suenen con un mismo sonido, tengan un mismo valor, un
solo amor.
Resistir a un acto nuestro ni podemos ni queremos, es más, tú debes
saber que el vivir en nuestro Querer es UNIDAD, tanto, que si la criatura
ama, Dios está a la cabeza de su amor, así que el amor del uno y de la otra
es uno solo; si piensa, Dios está a la cabeza de su pensamiento; si habla,
Dios es principio de su palabra; si la criatura obra, Dios es el primer actor
y obrador de sus obras; si camina, Dios se pone a la cabeza de sus pasos.
POR ESO EL VIVIR EN MI VOLUNTAD NO ES OTRA COSA
QUE LA VIDA DE LA CRIATURA EN DIOS, Y LA DE DIOS EN ELLA;
dejar separada de nuestro amor, de nuestra potencia, de nuestros actos a
quien vive en nuestro Querer nos resulta imposible, SI UNA ES LA
VOLUNTAD todo lo demás va junto, unidad de amor, de obras y de todo.
He aquí por eso que el vivir en nuestro Fiat Divino es el prodigio de los
más grandes prodigios, jamás visto ni oído; es nuestro amor exuberante, que
no pudiendo contenerlo queríamos hacer este prodigio que sólo un Dios
podía hacer en la criatura, pero que ingrata no aceptó; pero Nosotros no
hemos cambiado Voluntad a pesar de que hemos sido combatidos, y
reprimido nuestro amor en forma que nos hace sentir espasmos; usaremos
tales excesos de amor, tales industrias y estratagemas, que lograremos
nuestro intento: QUE UNA SEA NUESTRA VOLUNTAD CON LA DE
LA CRIATURA.”
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“En Cristo, Dios nos ha dado a conocer EL MISTERIO DE SU
VOLUNTAD… para realizarlo en la plenitud de los tiempos: hacer que
todo tenga a Cristo por Cabeza, lo que está en los Cielos y LO QUE ESTÁ
EN LA TIERRA”. (Efesios 1: 9, 10).
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Queridos hermanos en el Señor, en vista a todo lo que les presento en esta
introducción, me atrevo también a exhortarlos a meditar y discernir varias
citas de la Santa Biblia que considero relevante a este tema:
Isaias 11: 2, 4, 6-9, Isaias 65: 17, 19, 20, 25, Hechos 3: 20, 21, Romanos
8: 19-23, 2 Pedro 3: 13, Apocalipsis 1: 4, 8,19, Apocalipsis 11: 17,
Apocalipsis 19: 13, 15, 16, Apocalipsis 21: 3, 4, 7, Apocalipsis 22: 3, 4, 5,
13, 14.
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“…Por Su Voluntad todas las cosas existen y fueron creadas”
Apocalypsis 4:11
“La Voluntad de Dios es que todos los hombres se salven y
lleguen al conocimiento pleno de la verdad”
1 Tim. 2: 4
“La Voluntad de Dios es vuestra Santificación; …Asi pues, el que
esto desprecia, no desprecia a un hombre, sino a Dios, que os hace
Don de Su Espiritu Santo”
1Tes. 4: 3, 8
“!YA NO HABRÁ DILACIÓN! SINO QUE EN LOS DÍAS EN QUE SE
OIGA LA VOZ DEL SÉPTIMO ANGEL, CUANDO SE PONGA A TOCAR
LA TROMPETA, SE HABRÁ CONSUMADO EL MISTERIO DE DIOS,
SEGÚN LO HABÍA ANUNCIADO COMO BUENA NUEVA A SUS SIERVOS
LOS PROFETAS”. Apocalípsis 10: 7.
